08 marzo 2009

¿La fiesta en paz?


Demandar a los demandantes

Leonardo Páez

educido el país a caricatura de sus esperanzas y a títere de sus vecinos; hipotecadas las instituciones a banqueros y narcos; secuestrada la sociedad por los que se sueñan dueños y señores del poder económico, político y mediático, a la fiesta de los toros no le queda sino reflejar el grado de podredumbre que nos cargamos.

Así, gremios históricamente demandables por la cantidad de errores, incumplimientos y abusos acumulados –empresa, ganaderos, matadores y subalternos– el pasado viernes decidieron en apresurada reunión demandar al juez de plaza Miguel Ángel Cardona por daños morales y económicos (sicazo que llegó hasta la tremenda Corte de Justicia).

El martes 3, el citado juez rechazó, con sobrada razón, cuatro reses del destartalado encierro de la ganadería de Barralva, que independientemente de tener el peso reglamentario carecían de trapío o armonía de hechuras en su conformación anatómica. En caso de duda, el lector puede consultar en Internet el prestigiado portal mundotoro.com; allí, abrir mundotoromexico e ir a la nota Los toros de Barralva rechazados, donde las fotografías muestran a seis esperpentos que los nuevos ricos de la fiesta querían que les aprobaran para la última corrida de la temporada.

Cardona, abogado de profesión y juez de plaza por temeridad, recomendó a la empresa cambiar los toros rechazados, ya que a los dos reservas de Los Ebanos también les faltaba trapío. Obviamente este juez, nombrado por el jefe de Gobierno del DF, fue expulsado de la plaza por el dueño absoluto de la fiesta de toros: Herrerías.

Todavía en actitud conciliatoria, la delegación Benito Juárez envió a otro juez de plaza, Ricardo Balderas, para ver si veía con buenos ojos aquella basura con cuernos y la aprobaba, pero el matador en retiro no se dejó intimidar y concordó con la apreciación de su colega.

No importa si dos de las reses rechazadas estaban en el Registro Obligatorio de Edades, puesto que carecían de trapío, aunque hipotéticamente tuvieran cuatro años y 500 kilos. Indigna que la empresa de la Plaza México, para variar, se haya empecinado en no cambiar los animales rechazados desde el martes, teniendo hasta el jueves para hacerlo.

Esta columna propone entonces que el público que pensaba asistir hoy domingo a la corrida, demande por daños y perjuicios a ganaderos, empresa, matadores y subalternos por prestarse a tamaña sucesión de burlas. Ah, que los taurinos autorregulados.

LA JORNADA


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