05 marzo 2009

Rincón Taurino (5/III/09)

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Las Despedidas II

Silverio Pérez

Antonio Casanueva


Con este número continuaremos la serie iniciada en semanas anteriores sobre las principales despedidas que se recuerdan en la monumental Plaza México y sus 63 años de existencia. En esta ocasión será del "El Compadre" Silverio Perez cuya despedida en el monumental coso, data el 1o. de marzo de 1953, hace nada menos que cincuenta y seis años.

Silverio, recientemente desaparecido, ha sido sin uno de los toreros mas queridos de la historia de la fiesta brava mexicana y quien llegara a la fiesta envuelto en la tragedia de su hermano Carmelo, también matador de toros, muerto a consecuencias de las secuelas de la cornada que le propinara el toro "Michín” de San Diego de los Padres, en la plaza de toros "El Toreo" de la capital el 17 de noviembre de 1929 de las cuales nunca pudo recuperarse, muriendo en 1931 cuando se encontraba en Madrid, España víctima de pleuresía a consecuencia de la cornada.

Fue Silverio el encargado de viajar al puerto de Veracruz para recoger el cadáver de su hermano y cuenta la historia que fue ahí mismo, dentro de las instalaciones de la aduana, fue donde Silverio decidió convertirse en torero, muy posiblemente para vengar, en el mas amplio sentido de la palabra, la muerte de su hermano.

Silverio, nacido en Texcoco, México el 20 de noviembre de 1915 , debutó el 8 de mayo de 1932 en Puebla durante un festival de aficionados en que mató un novillo de Ojuelos. Se presentó en El Toreo de la capital el 23 de abril de 1933 d de en una novillada de selección, en que gracias a su triunfo, repitiera al domingo siguiente alternando con Emiliano Vega y el "Terremoto de Tacuba" . Silverio triunfó plenamente cortando orejas y rabo, éxito le valió ser una de las revelaciones de aquella temporada alcanzando a torear hasta en ocho tardes.

Al año siguiente viajó a España donde llegó recomendado con Domingo González "Dominguín" quien lo incluyó en un cartel en la plaza de Tetuán de las Victorias el 1o. de mayo de 1935 alternando con otro mexicano Liborio Ruiz y Angel Rodríguez, quien con el tiempo se convertiría en Manuel Rodríguez “Manolete” el mas grande de los toreros que en el mundo han sido y permaneciendo en España durante todo ese invierno . Al año siguiente, reanudó su campaña novilleril hasta que el llamado "Boicot del Miedo" propició la ruptura entre los toreros de ambas nacionalidades, por lo que nuestros compatriotas tuvieron que retornar a su país.

A su regreso a México recibió la alternativa en la misma ciudad de Puebla, el 6 de noviembre de 1938 de manos de su amigo Fermín Espinosa "Armillita Chico" y el testigo de la ceremonia el queretano Paco Gorraez, con toros de La Punta. La confirmó, el 11 de diciembre en "El Toreo" capitalino, igualmente, de manos de "Armillita", siendo ahora el testigo Fermín Rivera, con el toro "Vigía" de La Laguna. Silverio, ante las dificultades ofrecidas por el ganado, solo pudo lucirse con la capa y en particular con un quite de Chicuelinas que le fueron muy aplaudidas. Durante la temporada en cuestión, Silverio toreó en cuatro tardes, destacando la del 26 de febrero en que realizó una faena con maravillosos derechazos al toro "Minero" de Rancho Seco el cual tuvo que abreviar por las molestias que provocaba el viento que azotaba la plaza.

Continuó toreando en diversas plazas de la república e incluso viajo a Sudamérica y Portugal sin mayor suerte. Al regreso de estos viajes la suerte pareció cambiarle en particular durante la temporada 1940-41 cuado el "Compadre" tuvo la fortuna de actuar en seis tardes durante dicho serial y con buenos resultados, destacando la tarde del 16 de marzo de 1941 cuando en un mano a mano Fermín y Silverio con toros de San Mateo, ambos toreros, en compañía del ganadero Don Antonio Llaguno alcanzaron un gran triunfo, provocando una tumultuosa salida en hombros, resultado de las orejas y rabo cortados por "Armillita" a los toros "Cordobés" y "Vanidoso", en tanto que Silverio hiciera otro tanto con el sexto de la corrida, de nombre "Cantinero".

Al año siguiente, el 18 de enero durante la décima primera corrida de la temporada 1941-42, alternando con Carlos Arruza, Silverio bordó el toreo realizando una gran faena al toro "Zapotero" de Torrecilla al que le cortó oreja y rabo causando una gran conmoción en la plaza. Mas adelante, había de llegarle su tarde consagratoria en que Silverio realizó la mejor faena de su vida. La tarde del debut de la ganadería de Pastejé propiedad de don Eduardo Iturbide y la alternativa de Antonio Velázquez, ceremonia que resultó opacada por las actuaciones de sus alternantes donde "Armillita Chico" inmortalizó a "Clarinero" de la misma manera que Silverio lo hiciera con "Tanguito", quinto de aquella inolvidable corrida.


Para la inauguración de la Plaza México, fue contratado el cordobés Manuel Rodríguez "Manolete", quien previamente debió confirmar la alternativa en la vieja plaza de "El Toreo" en magna ceremonia efectuada el 9 de diciembre de 1945, precisamente de manos de nuestro personaje Silverio Pérez quien le cedió al toro "Gitano" de Torrecilla ante la presencia de Eduardo Solórzano quien esa ocasión se despidió de los ruedos. Aquella tarde, ante un entradón como no se había visto en los cuarenta años de vida de esa plaza “Manolete” obtuvo un gran triunfo con el toro de la ceremonia y Silverio hizo lo propio con "Cantaclaro" obteniendo los máximos trofeos. Obviamente Silverio hubo de ser contratado para la temporada de la inauguración de La Plaza México, toreando mano a mano con “Manolete”, en la segunda corrida, en que Silverio Pérez cortó el primer rabo concedido en el nuevo y reluciente coso al toro "Barba Azul" de Torrecilla.

Al término de la temporada, tanto "Manolete" como el resto de los toreros hispanos que no habían vuelto a pisar ruedos mexicanos desde 1936, retornaron a su patria, en tanto que México la fiesta había encontrado nuevos derroteros. Silverio Pérez, idolatrado por mas de una generación de aficionados, fue alejándose poco a poco de la fiesta y luego de una breve campaña de despedida se retiró definitivamente de los ruedos el día 1o. de marzo de 1953, en la Plaza México, alternando con "El Ranchero" Jorge Aguilar y Antonio Velázquez con toros de la Laguna, que no dieron buen juego y Silverio se vio obligado a regalar un último toro "Malagueño" de San Diego de los Padres, al que Silverio le cortó una oreja y con esto fue largamente ovacionado mas por el cariño que el público le profesaba que por el mérito de la faena para que al término de la ceremonia "Armillita Chico", le desprendiera el añadido.

Silverio, no volvió jamás a vestir jamás el terno de luces y se dice que tampoco volvió a torear, salvo de salón y en el patio de su casa allá en Pentecostés pero a diferencia de ello, destacó en las política donde ocupó varios puestos de importancia; siendo repetidamente Síndico y luego Presidente Municipal de Texcoco y hasta pre-candidato a Gobernador de su Estado.

Para concluir quisiera retomar dos párrafos de la crónica del "Tío Carlos" don Carlos Septién Sicilia, quien nos narra brillantemente la faena del toro "Barba Azul" de Torrecilla en su presentación en la Plaza México.

" La segunda parte de la faena se desarrolló en los medios. El drama se fue acercando en preludio de voces lejanas, en música remota. Poco a poco Silverio se fue acercando mas y mas a los pitones; poco a poco los muletazos fueron siendo mas hoguera. En el centro de un pase orteguista toro prendió al Texcocano, lo levantó en el aire, lo corneo en el suelo. Con el rostro sangrante, Silverio se levantó para continuar el drama.

Dos derechazos por alto, ceñidos y largos. Cuatro derechazos por abajo y el pase de la firma -Firma de Emperador del Lago- Un remate a la serie tomando del pitón. Un pinchazo que escupió el toro.

Y luego, en la zona de las tablas, tres derechazos terribles, profundos, rematados con el pase de la firma y media estocada arriba que partió la herradura. El encastado animal, en cada muletazo había ido a más, peleaba aún con el hocico cuajado de hilos de sangre. Hasta que cayó.

Oreja y rabo. Vinieron las vueltas al ruedo, una de ellas en unión de Manolete. Y los gritos de: ¡ torero, torero, torero! El gran grito de la afición mexicana.

Silverio saludó finalmente desde el tercio. “Cuando todavía su cara estaba hecha una lástima..".

Antonio Casanueva



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