17 junio 2010

«Las cuatro generaciones de Silveti han toreado en la Maestranza»


ARTÍCULO DEL PERIÓDICO ABC DE SEVILLA DEL DÍA DE HOY.‏

JUAN SILVETI -  MATADOR DE TOROS MEXICANO

  • FERNANDO CARRASCO / SEVILLA

Día 17/06/2010 - 11.18h

Hijo, padre y abuelo de toreros, el Tigre de Guanajuato, a sus 81 años ha regresado a España para ver debutar el domingo a su nieto en Sevilla

Su porte le delata. Cumplió 60años de alternativa el pasado 15 de enero y continúa guardando esa pose de figura del toreo. Segunda generación de las cuatro que ya van de la dinastía Silveti, Juan Silveti, como su padre, «El tigre de Guanajuato», acaba de llegar a Sevilla para ver el domingo el debú en la Maestranza de su nieto, Diego, hijo del recordado David Silveti, el «rey David», último eslabón, por ahora, de esta mítica dinastía torera mexicana.

—¿Llevaba mucho tiempo sin venir a Sevilla?

—Al menos diez años, desde que estuve con Alejandro Amaya.

—¿Y ha encontrado la ciudad cambiada?

—Está preciosa, como la plaza de la Maestranza, que es divina.

—Viene a ver a su nieto debutar en la Maestranza. Pero usted, hace ahora 59 años, lo hizo también.

—Así es. Yo tomé la alternativa en México el 15 de enero de 1950 y al año siguiente, en febrero, vine a España. Toreé la corrida de la Concordia en Barcelona y la segunda tarde fue en la Maestranza. Después de Beziers, donde corté un rabo, y una cuarta en La Línea de la Concepción. Y ese mismo año, el 17 de julio, confirmé en Madrid, de manos de Antonio Bienvenida y Manolo dos Santos como testigo

—Y dos años después, triunfo grande en Sevilla...

—Toreé la corrida del Corpus, de Guardiola, y le corté las dos orejas a un toro de Guardiola. Y volví en septiembre, en la Feria de San Miguel.

—Hijo del primer Tigre de Guanajuato, usted vino precedido de fama a España.

—Pues mire, muchos decían que me parecía a mi papá toreando. El caso es que éramos distintos. Y eso mismo les pasó a mis hijos, David y Alejandro, y ahora a mi nieto Diego. Él, por ejemplo, tiene formas de su padre pero torea de manera diferente.

—Cuando llegó a España, a principios de los años cincuenta, se encontró aquí con un panorama fuerte en el escalafón.

—Mire, aquí estaban unos toreros como Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Litri, Aparicio, Pepín Martín Vázquez, Pepe Luis Vázquez, todavía Carlos Arruza, Chamaco... total, que no había competencia (se echa a reír).

—¿Y cómo se abre uno paso?

—Bueno, pues había que abrírselo si se quería ser figura del toreo. Pero aquí y en México. Eso pasa en todas las épocas.

—En Sevilla, usted gozó de buen ambiente, como suele decirse...

—Yo estuve viviendo aquí. Recuerdo ir a entrenar y a jugar al campo del Sevilla con El Vito, Pepín Martín Vázquez... guardo en mi memoria momentos muy buenos, muy buenos.

—¿Cómo ve el toro ahora?

—Es más grande que antes y con más peso. Yo pensaba que se iba a mover menos pero el pasado año hubo muchos y muy buenos. Este año están saliendo menos. Gracias a Dios, allí en México veo todas las corridas que televisan en España, las ferias importantes.

—¿Y cómo se trata al torero mexicano en España?

—En mi época era distinto. El público español quería a los toreros mexicanos que se hacían aquí. Por ejemplo, Lorenzo Garza, El Soldado... se hicieron aquí. En cambio, los que venían ya en figura, como Silverio, les miraban de otra forma.

—Ya vinieron sus hijos y ahora su nieto.

—Y mi padre. Las cuatro generaciones de Silveti han toreado en la Maestranza, si Dios quiere, ahora mi nieto Diego.

—Decía antes que le comparaban al principio con su padre, pero que no se parecía. ¿A quién se parece Diego?

—Yo creo que tiene las formas de su padre David, pero es distinto luego a la hora de torear. A mi hijo David le hice en el toreo paralelo. Ahora se lleva el toreo cruzado. Las dos formas son bonitas. Yo prefiero el toreo cruzado para el comienzo de faena, para ir haciendo el toro y luego, una vez sometido, torear en paralelo.

—Y Diego, ¿qué toreo tiene?

—Su padre le inculcó que fuese lo que quisiera ser y que antes de ser torero, terminaran los estudios. Diego, desde chiquito, tuvo una gran intuición para el toro. Empezó a torear cuando terminó la carrera y creo que lo ha hecho bien. ¿Su toreo? Tiene valor desde niño y tiene cualidades que pueden hacerle ser alguien en esto. Lo más importante que ha hecho en su vida será el domingo, cuando toree en la Maestranza.

—Llevar el apellido Silveti pesará...

—Es una gran responsabilidad, es difícil pero hermoso a la vez. Para un muchacho como él, hacer el paseíllo en la Maestranza es lo máximo, como lo fue para mi padre, para mí y para mis hijos.

—Aunque sea su abuelo, supongo que como aficionado si tiene que enmendarle la plana lo hará.

—Mire, mi hijo David me decía, cuando ya estaba situado en figura: «Papá, cuando empezaba me reñías mucho». No hay que engañar y sí ser constantes para llegar a lo más alto.

—¿Qué espera del domingo?

—Que piense que Sevilla es una de las plazas clave. Luego hará falta también que tenga suerte.

—¿Se marcha enseguida a México?

—No, voy a seguirlo. Mi esposa me dijo: «Si no lo ves ahora, a lo peor ya no lo ves». Y aquí andamos.

 

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