13 junio 2012

LAS CHARLAS CON EL BARDO DE LA TAURINA


PLAZA MÉXICO
Jorge RIZO

Eran tiempos del ayer cuando todavía el embudo de concreto de la colonia Nochebuena olía a nuevo, 26 de Mayo de 1946, fecha en que por primera vez se celebra una novillada en la Plaza México, la que en esa su temporada de inauguración apostó por los jóvenes y con ellos dio la friolera de ‘Cuarenta novilladas’ comprendidas entre los meses de Mayo y  Noviembre dato que lo constato  a manera de suspiro, pues me queda más que claro que eran otros tiempos y con ellos otras circunstancias   diferentes a las que hoy prevalecen aunque engarzadas con algunas coincidencias como lo podría ser de que en aquel año del 46 empezaba a gobernar  Don Miguel Alemán Valdez ‘El Cachorro de la revolución’ y hoy a 66 años empezara a mandar otro ‘Cachorro’ procedente de la misma ganadería ‘Pricolor’, otra coincidencia lo es el hecho de que el nieto del presidente Alemán, hoy es uno de los socios de la empresa operadora del inmueble taurino,  donde no hay coincidencias, es en lo cargado que estaba la nube novilleril entonces y en la sequía que hoy impera, (la caballada esta flaca)  y que va a ser la causa de que este próximo  serial de novilladas pueda apenas salir a tropezones, ante ello ya la empresa informo  que igual que Walmart solicita ‘cerillos’ ellos solicitan novilleros  para poder librar los doce festejos que están obligados pa’ que las autoridades  les den ‘champu’ de dar la Temporada Grande con el consabido canje y venta del Derecho de Apartado que al parecer es con lo que los arrendatarios  le pagan la renta al arrendador y pa’como pintan o más bien no pintan las cosas en lo que será la temporada chiquita, la empresa la tendrá que ver como una inversión porque al menos que  Santiago Fausto, Paulo Campero, Cesar Ibelles y algún otro ‘experimentado’ saquen chispas desde muy temprano y que los debutantes como Jorge Rizo u Orlando Mirafuentes de Anda asombren a la primera, la cosa se vislumbra más pálida que una hepatitis  a la que no hay que descartar que le puede dar color la presencia del rejoneador de moda Rodolfo Bello el de la cuadra bella y sumar a ello el atractivo en  que están convertidos los Forcados Hidalguenses ¡Que triste panorama!..... pero más triste sería engañarnos.

Y ante esto desde luego reconocer que vivimos tiempos muy distintos a los de aquel año de 1946, cuando en el elenco novilleril aparecieron nombres por citar a algunos como Anselmo Liceaga, Pepe Luis Vázquez quién la tarde de su presentación se despacho con un rabo acicateando a su  alternante  Isidoro Morales el que  en replica esa tarde corto  otra cola, Félix Briones, Luis Solano, Nacho Pérez (hermano de Silverio), Fernando López ‘El Torero de canela’, el  mártir ‘Joselillo’, Rafael Osorno de quién se dice había bordado la más hermosa faena que se recuerde de un novillero (Mañico), Rafael Gil ‘Rafaelillo’ cuya personalidad torera quedó inmortalizada en la clásica novela ‘Más cornadas da el hambre’, Saúl Guaso quién fue el primer torero en ser televisado en la historia de la Plaza México y no se vaya a creer que por el hecho de que la empresa diera tantos festejos los novilleros  la tenían comodita ¡Que va! pues una vez que se desgarraban las carnes en el ruedo impulsados por su entrega, pasión, enjundia y valor que como en el caso de ‘Joselillo’ lo llevo hasta la muerte, se hacían merecedores al doctorado y ya con la borla tenían que enfrentar a figurones  que torearon ese año en la ‘Monumental’ de la talla de (por aparición) ‘El Soldado’, ‘Manolete’,  Luis Procuna, Silverio Pérez,  ‘Cagancho’, ‘Armillita’, Domingo Ortega, Fermín Rivera, Lorenzo Garza, Gregorio García, ‘El Calesero’ entre otros.

Sin duda eran otros días, cuando las novilladas se firmaban en ‘El Tupinamba’, cuando los toreros remataban la faena tocando pelo en la ‘Casa de la Bandida’ cuando un chaval daba pauta pa’ que Agustín Lara le escribiera ‘Novillero’, ante tanto taurinismo en la melancolía y tanta ausencia en el presente ¿Quién es el guapo que le diga al Bardo que no tiene derecho a estar ‘flameado’ de día y de noche? ¡Que tiempos aquellos, Señor Don Simón!

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