13 junio 2012

RINCON TAURINO (14 DE JUNIO DE 2012)




“El Faraón de Texcoco II”  CONCLUSIÓN
Por Antonio Casanueva

Continuando con la historia de nuestro personaje : Silverio Pèrez, para todos “El querido Compadre Silverio, ya que sin duda Silverio es y ha sido en nuestro país, el mas querido de cuantos llegaran a vestir del terno de luces, tanto aquí como  allá,  sea por su simpatía personal, por su entrega o vaya usted a saber porque, pero el mas querido desde que como se ha dicho, debutara .

Y mire usted que a Silverio le tocó actuar como se ha dicho, desde los años  30 hasta su despedida definitiva de los ruedos en 1953 en que le tocara participar con otras insignes figuras del toreo, los célebres Manuel Rodríguez “Manolete” y “Cagancho” ambos queridos por igual en nuestra patria y procedentes del otro lado del charco, así como a los nacionales, “Armillita Chico”, Lorenzo Garza, “El Soldado” o bien el tapatío  José “Pepe” Ortiz  entre otros por solo llamar a los mas destacados e igualmente queridos y respetados por aquellos públicos de entonces.

Volviendo a   tiempos pasados  Silverio, como queda dicho, toma la alternativa en nuestro país en “El Toreo” de Puebla el  6 de noviembre de 1938  de manos de Fermín Espinosa  “Armillita Chico” siendo su testigo el queretano Paco Gorráez, con una corrida  de La Punta,  para confirmarla en la capital de la república el 11 de diciembre del mismo año, de manos de  “Armillita Chico” quien le cede al toro “Vigia”  de la ganadería tlaxcaltecana de La Laguna, siendo ahora el testigo el potosino Fermín Rivera.

De entre las grandes faenas realizadas por el queridísimo “Compadre”, que lo colocaron  por algún tiempo en la cima, mas del que pueda recordarse de algún otro, en el corazón de la afición taurina de nuestro país,  entre otras muchas se encuentran las de  el toro “Pispireto” de La Punta  y “Gitano” de Rancho Seco, ambas efectuadas en El Toreo capitalino a   una semana de diferencia los días 7 y 14 de febrero de 1940 y  sin duda fueron el origen de esa comunicación y si se me permite la frase, del gran amor que a partir de ese MOMENTO se iniciara entre el torero y la afición capitalina.

Mas adelante, pero en el mismo ruedo capitalino y durante la misma temporada 1940-41 se recuerda a “Cantinero” de San Mateo efectuada en marzo de 1941, a  continuación realiza aquellas dos de “Pescador” y “Mandarín”, ambos  procedentes de la vacada de Piedras Negras, realizadas el 22 de febrero de 1942 y mas adelante durante la temporada  42-43 a “Mosquitero”  de San Mateo,  “Cocotero” de Torrecilla y “Ambulante” de San Diego de los Padres.  Este último de la misma procedencia que aquel que cortara trágicamente la vida de su hermano mayor Carmelo Pérez unos años antes, en coincidencia con el que por causas fortuitas, igualmente coincidió en su procedencia con el último  toro de regalo de  su despedida.



Al igual que a  “Azulito” de Torrecillas la vacada hermana de San Mateo y “Cirilo” de Matancillas, fracción de la Punta, para que al año siguiente, el 11 de noviembre de 1945 inmortalizara a  “Tirano” de La Laguna,    cortándole las orejas y el rabo  en la segunda corrida de aquella importantísima temporada en la plaza de El Toreo en una tarde en que alternara con que con Luis Gómez “El Estudiante” y Luis Castro “El Soldado” durante la segunda corrida de aquella inolvidable temporada .

Fue justamente en aquella inolvidable temporada en la que vino a México por primera ocasión nada menos que Manuel Rodríguez “Manolete”. quien por cierto confirmó su alternativa justo en esa plaza; El Toreo de La colonia Condesa, llamado así por estar ubicado de esa colonia de la ciudad de México entre la calles de Oaxaca y Durango. Confirmando su alternativa  precisamente de manos de Silverio Pérez  en  ese mismo coso y tan solo tres semanas mas tarde  del 9 de diciembre , durante la sexta corrida de aquella temporada cuan do  Silverio le confirmó la alternativa a dicho torero, que lo autorizaba para actuar libremente en el país   cediéndole al toro “Gitano”  de Torrecilla ante la presencia de Eduardo Solórzano quien fungió como testigo de dicha ceremonia.

Hablando precisamente de aquella inolvidable tarde,  don Heriberto Lafranchi, narra en su libro “La Fiesta Brava en México y en España” (1519-1969) todos los detalles de aquella corrida, diciendo:

“ Aquella tarde se registro un entradón inconcebible, ya que dos horas antes que iniciara la corrida no cabía en la plaza, un solo espectador mas, en los atestados tendidos del coso.

“Los toros cumplieron en general, excepto el sexto que fue excesivamente chico, que fue ruidosamente pitado. Silverio Pérez se la jugó en el segundo que tiraba fuertes derrotes y acabó por pegarle un puntazo y perdió la oreja por haber descabellado hasta el quinto intento. Se desquitó ampliamente en el cuarto “Cantaclaro” al realizar una de las mejores faenas de su vida, que enloqueció al publico y mató de un estoconazo.

  
“Manolete” se hizo aclamar desde que se abrió de capa con su primero, dejando constancia que cuanto se decía de él,  así prosiguió hasta el último toro, tras haberle confirmado Silverio la alternativa, en un faenón indescriptible que le fue coreado de principio a fin Oreja y raboYa en el quinto, al dar un capotazo fue herido de consideración  y terminó en la enfermería . Solórzano tuvo una despedida deslucida, siendo aplaudido con calor, tan solo en el en el primer toro”.


Mas adelante se inauguró la Plaza México, en la cual participó igualmente el llamado  “monstruo cordobes”. Así como a “Barba Azul” de Torrecilla, la gran faena realizada el 16 de febrero de 1946  en el ruedo de la Monumental Plaza México.

Para no extendernos mucho mas y solo por un recuerdo personal, quisiera mencionar aquella tarde del 13 de febrero de 1949 en que nuestro personaje brindó su faena al  famoso beisbolista de Los Yankees, Joe Dimagio quien asistía al coso máximo atraído por su fama sólo por  verle torear,  alternando  con  “El Soldado” y Manuel Capetillo.  O al año siguiente cuando en una sola tarde cortara tres orejas; una al primero y dos mas al segundo   “Porteño” de La Laguna o también cuando actuando con  Miguel Baéz “Litri” realizara una gran faena  –la mejor de su vida-   según las crónicas de la época, pero que por fallas con el acero,  pudo dar múltiples vueltas al ruedo entre ovaciones.


Para que finalmente,  llegara para el recuerdo, el año de 1953 y en particular el primer día de marzo fecha de su despedida,  fue   recibido entre pancartas, arreglos florales, música y ovaciones, estuvo tan mal por la pésima calidad de los astados que le tocaron en suerte que tuvo que regalar un séptimo toro de nombre “Malagueño”  para reivindicarse con su público y que como se ha dicho,   procedente  de la trágica vacada  de San Diego de los Padres.  FIN

Antonio Casanueva

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