10 diciembre 2013

El Bardo y Páez Sin Tapujos / AUTOSABOTAJES

AUTOSABOTAJES 

Diciembre – 9 – 13

Bardo de la Taurina:
El domingo que acaba de pasar certificaba El Calendario Antiguo de Galván que había que  celebrar la multiplicación de ese sabrosísimo biscocho llamado ‘Concha’ nombre que le viene de la Inmaculada Concepción de María Santísima, así que el dominguito invitaba a que las señoras se dieran vuelo con el molinillo pa’ sacarle espuma al chocolate que, dicho sea de paso, el que ‘no tiene jefa’ es uno mentado ‘Mayordomo’, que lo elaboran artesanalmente en Oaxaca. Luego el solecito empezó a calentar la tarde como preámbulo a un gran festejo que toda la semana como corresponde a los espectáculos masivos fue publicitado en los diarios, revistas, televisión, radio, internet y twitter, que es la fórmula aunada a la calidad de lo que las empresas anuncian para que la gente concurra a las sedes donde se realizan los eventos.
Desde lejos se vislumbra el recinto monumental  hacia donde oleadas de aficionados se dirigen a él, atraídos por la cartelera de primera calidad como corresponde a lo que se debe de ofrecer al público de la capital más grande de América Latina. El ambiente se percibe en el aire, por doquier resaltan los colores de la fiesta, el rojo sangre y el amarillo intenso, tintes de  pasión que  enciende  la entrega, la enjundia y también la idolatría, pues un espectáculo donde sus actores no generan admiración es como un pastel sin cereza.
¡Qué barbaridad! De todos los veneros de asfalto que llevan al coliseo brota público orgulloso y presumido, sus boletos en mano presagiando que la tarde va ser de esas que el graderío es insuficiente para dar cabida a los amantes de la fiesta del pueblo, esa que se vivió desde que se anuncio la confrontación y que hoy desde las cuatro y pico de la tarde ya aplaude el inminente paseíllo. ¿Oiga, Bardo, no debería estar usted en la Plaza México? ¿Pues dónde estoy?  En el Estadio Azteca. ¡A Chingaos!, ahora comprendo el entradón.

Leonardo Páez:

Sabotaje es un galicismo que entre otros significados tiene el de oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, decisiones, ideas, etc.,  y el prefijo auto quiere decir propio o por uno mismo. Así, autosabotaje equivale a estorbarse por propia iniciativa, a obstaculizar sin necesidad lo que fluía, a hacer mal lo que se estaba haciendo bien o, más sencillo, a bautizar con agua de lavadero.
         Y eso fue lo que hizo la incorregible empresa de la Plaza México, sede permanente, no olvidarlo,  del Centro de Capacitación para Empresarios Taurinos de Lento Aprendizaje (Cecetla), al convertir la importante y torera tarde de la séptima corrida en desolado graderío en la octava. ¿La causa? Haber anunciado un cartel que pareció diseñado por antitaurinos, con dos maduros toreros mexicanos de tauromaquias similares y un joven andaluz desconocido en México, no obstante sus recientes triunfos europeos, pues ya se sabe que la torería importada no gasta un peso en publicidad en el continente de sus amores –el de los sudores es su propio país y algunas tardes en Francia– y el promotor taurino menos. A ello hay que agregar la inclusión de un hierro otrora prestigiado, Valparaíso, con casi veinte años sin venir a la plazota, fundado en 1956 por don Valentín Rivero, de grata memoria, fallecido en noviembre de 1997, y que tantos triunfos propiciara en décadas pasadas a varios toreros.
         Así, lo que pudo haber marcado la tónica seria y ascendente de una temporada verdaderamente grande a partir del toro, a los ocho días regresó a su lamentable nivel de incompetencia y grisura.
         Como cereza en el pastel, los contumaces cecetlos, en su política de limpia de corrales a costa del público y de la seriedad de la corrida, decidieron regalarle al joven andaluz un chivo destartalado de la ganadería de Los Ébanos que fue ruidosamente pitado por los tres mil asistentes y sustituido por un manso de Xajay. Con estos taurinos, ¿para qué necesitamos antis?


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