17 diciembre 2009

las charlas con EL BARDO DE LA TAURINA


    LA SEXTA DE LA MÉXICO

    Existen carteles que nacen desangelados  y aunque sus componentes estén bien, no pasa nada, son de esos festejos Alzheimer que se extravían en la memoria y no dejan huella por ello un comentario a vuelo de pájaro servirá para remarcar que hay golondrinas que no hacen verano, como las que llegaron el domingo al nido de cemento, un Rafael Ortega que hace mucho dejó de decir algo, un ‘Fandi’ que cuando dice, dice  muy poco y un Manuel Martínez que nunca dijo nada, así  que cuando menos para decir algo diré un réquiem por la ganadería de Garfias y de San Isidro    no hay casi nada que decir, bueno si, algo, unas de cal y otras de arena ¡Qué tristeza! siempre la maldita irregularidad
    

                                       LORENZO  GARZA GAONA

    En el toreo decir Lorenzo es decir personalidad, decir Garza  es decir embrujo, decir Gaona es decir mando, mas decir Lorenzo Garza Gaona es decir lujo torero que nació para iluminar los alberos con la llama nueva de la juventud de un chaval que posee un toreo mágico, mas lo  importante de ello es, que este Lorenzo, tiene sello propio,  no requiere de presentación, a leguas se sabe que es un torero en ciernes que trae espolones para gallo y el aroma  de las esencias, es su perfume, se planta frente al toro con  seriedad, no gasta el valor en váratelas  aún más tiene el don de pensar frente al toro sin el almidonado de la academia, pues su toreo es fresco y ‘natural’ como esos  que pega de aquí hasta allá sabrosamente despatarrado cargando la suerte, tiene gusto por la filigrana con la que borda las creaciones hasta convertirlas en fantasía,  el toreo por alto lo esculpe como mármol sólido y hermoso, sabe medir al toro y sus terrenos e intuye  la lidia hasta que el burel pide la toledana con la que este Lorenzo Garza Gaona es un precoz maestro que fulmina sin miramientos, mas fuera del ruedo sigue siendo  tan torero, erguido en el andar, elegante en el vestir,  con el puro entre los labios cobra un aire misterioso que en su arder alienta  a las evocaciones de sus ancestros, sin duda estamos ante un torero de gran percha que Sevilla nos lo devolverá templado,  por lo que desde ¡ya! hay que grabarse su nombre, pues no es uno más es ¡Lorenzo Garza Gaona!

                                          LA GUADALUPANA

      Nada mas espléndido para comenzar el puente ‘Guadalupe - Reyes’ que llegar al remanso cautivador de la cabaña brava de ‘La Guadalupana’ donde  el verde boscoso y el azul del lago,  dan marco  al hierro de la divisa tabaco y celeste en la que  Don Juan Flores Chávez recibe a sus invitados a Porta Gayola y sin mas, nos viene a la memoria aquel año de 1987 cuando esta ganadería  debutara por partida doble tanto  en Zacatecas  en donde  Manolo Martínez le daba la bienvenida, mientras que en Cd. Juárez, Mariano Ramos y Jorge Gutiérrez honraban al nuevo hierro fundado con pies de cría de San Antonio de Triana, Cerro Gordo, Garfias y luego Cabrera lo que prometía mucho y el pronóstico no falló sino que le dio fuerza a sus toros para que a principios de los 90’s llegaran hasta la Plaza México y de ahí pa’l real, ir desarrollando una casta propia y es que Don Juan respaldado con su prosapia ganadera ha logrado imprimirle a sus bureles una bravura muy definida aparejada con envidiable trapío que lucen los bureles guadalupanos y que hace que  hoy mas que nunca los empresarios deban voltear hacia ellos, pues por lo observado  en la coqueta plaza de tientas quedo confirmado que tanto  las becerras como  los toros andan por las nubes así que ante ello, me quito  el sombrero para dar la ¡En Hora Buena! a Don Juan Flores Chávez  ganadero chipén de altos vuelos.

    ADIOS AMIGO

     ‘Cuando un amigo se va, galopando su destino, empieza el alma a vibrar, porque se llena de frio’ y es por ello que hoy con el corazón reventado en un lance de dolor que gime ante el catafalco, le pongo la divisa azabache a esta columna que ha perdido a un artista de la vida torera  Javiercito Herros el del sentimiento a flor de piel, el de la amistad por faena que no conocía de limitantes cuando de tender la mano se trataba, por eso, hoy me quedo con ese enamorado del toro que apenas días atrás brindaba por el orgullo de haber nacido en una de las familias de mayor dinastía taurina de México la de los Herros, grandes todos ellos como lo fue Javiercillo,  hijos predilectos del barrio bravo de Peralvillo, para quienes va esto que escribiera otro grande, ‘Cuando un amigo se va, se queda un árbol caído, que ya no vuelve a brotar, porque el viento lo ha vencido’

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