02 junio 2009

raquítica JORNADA SEMANAL

Montoyita, va por la borla...


Arranca la Temporada Chica de la Plaza México.




Viernes 5

  • Puebla

Toros de José María Arturo Huerta

Eulalio López “Zotoluco”, Rafael Ortega y Enrique Espinoza “El Cuate”


Sábado 6

  • Morelia

Toros de Rosas Viejas

Fernando Ochoa, Juan Chávez y el becerrista Michelito Lagravere

  • Apizaco

Novillos de El Vergel

Sergio Lejarza, el ecuatoriano Curro Rodríguez,

Pepín Vega, Jaime Ruiz, Antonio Vázquez y Antonio Galindo


Domingo 7

  • Plaza México

Novillos de Campo Real

Manuel González “Montoyita”, Luís Manuel Pérez “El Canelo” y Santiago Fausto



Paco Calderón,


una historia tejida alrededor del toro.


Foto: Laura Ramírez/ESTO


2 de junio de 2009


El general, el niño y los toros

Los hilos del destino de Paco Calderón


Miguel Ángel García


De las muchas historias que se entretejen en la fiesta de los toros, deshilamos una que trata de un niño, un general, un novillero, un empresario taurino, un apoderado, y al final, un hombre feliz. Todos estos personajes encarnados en un padre y su hijo.

Vamos, pues, al tema:


EL NIÑO, LOS TOROS Y EL GENERAL

Todo comenzó en Toluca, Estado de México, hace mucho tiempo, algo así como 65 años atrás, en la época del gran Fermín Espinosa "Armillita" y del mítico Silverio Pérez; cuando el Toreo de La Condesa era el punto central de aquella romántica ciudad de México. Por azares del destino, una pareja de Michoacán había detenido su paso en Toluca; él, Francisco Mendoza Torres, un revolucionario porfirista con rango de general. Ella, una esposa como muchas de ese tiempo, dedicada al hogar, a los hijos y al quehacer de la casa. Ambos, de buen estatus social. Ese descanso en el Estado de México había sido para que la esposa diera luz a su primer hijo, quien los siguientes años viviría su niñez en Michoacán.


Su padre, el general, con base en la guarnición de soldados en la Plaza Nacional de la capital, siempre asistió a los toros en el Toreo de La Condesa, puesto que desde siempre tuvo afición por la fiesta brava. Algunas veces llevaba a su pequeño vástago, a quien acomodaba en sus piernas para ver actuar a los valientes del ruedo desde su barrera. Poco a poco el pequeño Francisco se fue haciendo a la costumbre de ver toros los domingos; así, hasta la edad de 17 años. Para entonces el joven estaba dedicado a los estudios, al menos eso le hacía pensar a su padre, quien cada vez era más duro y estricto con Francisco. No obstante y burlando las reglas militares de su papá, el joven estudiante dedicaba más tiempo a la fiesta de los toros. Y es que en vez de ir a la escuela, Francisco se iba con sus amigos al Campo Marte, donde en ese entonces entrenaban toreros como Manuel Capetillo, Silverio Pérez, Antonio Velázquez y Rafael Rodríguez, por citar algunos. Ya corría el año de 1955 y todo parecía ir de maravilla, hasta que un día se cayó el teatro.


El enérgico general dedicaría una mañana a realizar una visita sorpresa al colegio de su hijo y vaya sorpresa que se llevó al escuchar a la profesora: "Así es, don Francisco, su hijo tiene semanas de no venir al colegio".


Aquella tarde el hijo del general quedaría como tronco de mapache por la friega que se llevó de su padre, y la orden inmediata fue que Francisco saliera rumbo a Estados Unidos, donde quedaría recluido en una escuela, hasta terminar una carrera. Pero, una vez más, los planes de Francisco eran otros.


LA FUGA Y EL NOVILLERO PRÓFUGO

La batalla que supuestamente había sido ganada por el general, en relación a su hijo, se convertiría en el inicio de otra. Apenas unas semanas en el colegio de los Estados Unidos, Francisco ya había ideado un plan: la fuga. Y no había marcha atrás. Y así fue, una mañana fría el mozalbete ya tenía calculados los pasos a dar para burlar toda la seguridad del colegio; su meta era llegar a Ciudad Juárez. Por medio de aventones en camiones y como pudo, Francisco logró llegar a la ciudad fronteriza, donde se unió a una palomilla de jóvenes toreros, en Casas Grandes, Chihuahua.


Para entonces, su padre, el general de la Guarnición de la Plaza Nacional, ya estaba enterado de la fuga y a grandes males, grandes remedios. Iracundo por la acción de su hijo, don Francisco dispuso de un destacamento de soldados para ir en busca de su hijo; la consigna era regresar a toda costa con el fugitivo; no tenía que haber excusa.


Mientras, el joven Francisco ya había cambiado de nombre, principalmente porque estaba a punto de debutar como torero en público y no quería que su padre se enterara del hecho. Entonces se cambió el nombre por el de Paco Calderón.


Aunque el ahora torero, Paco Calderón, hizo todo lo posible por burlar a los soldados, al fin cayó preso de la milicia que comandaba su padre y finalmente, semanas más tarde, el batallón regresó a la guarnición de la Plaza Nacional con el hijo del general. No hubo palabra de por medio entre padre e hijo, sólo una mirada fría del militar hacia el torero y la orden de encarcelarlo en la misma guarnición.


CARA A CARA CON EL GENERAL

Ahí estuvo Paco Calderón algunos días, ideando otra fuga, la cual nunca se produjo, ya que ahí era vigilado las 24 horas del día, sin derecho a visita. Un buen día el general decidió visitar a su preso, lo cual extrañó a todo mundo, sobre todo porque fue sin previo aviso. Ahí, en la mazmorra del lugar, el general Francisco Mendoza dijo en voz alta a su hijo: "Dime en realidad qué es lo que quieres hacer en la vida". Paco, más flaco de lo común y desaliñado, dijo a pesar de los pesares: "Quiero ser torero".


Y así fue, una vez más, pero ahora de manera formal, Paco Calderón se había salido con la suya. Pero había una cláusula para que el torero fuera libre: "Perderás todo derecho y beneficio que esta familia te pudo dar", remató su padre, el general.


De ser un niño bien, Paco dejaría todo atrás para caminar la legua y adentrarse en las entrañas de la fiesta brava. Ahí conoció el hambre de comida y el hambre de ser torero; también las injusticias de algunos empresarios y lo más duro de sortear: que en esa época había muchas figuras del toreo. De algunas de ellas Paco aprendió secretos del toreo; fue discípulo de "El Calesero" y de Heriberto García, dos personas claves en corta carrera.


DE REGRESO A LA GUARNICIÓN

Como pudo logró hacer su debut novilleril en el Toreo de La Condesa, en 1958, con Mariano Rodríguez y Raúl García. Luego lo calaron cuatro veces más en la misma plaza, para de ahí torear 20 novilladas en la provincia. Su regreso a la plaza de El Toreo ya no se concretó, al menos en público; un día el empresario del coso le echó un toro a puerta cerrada para ver los adelantos de Paco, estuvo bien el torero y de premio le ofrecieron una novillada de Peñuelas. Claro, el novillero, sabiendo que dicho hierro era de los duros, le comentó al empresario que él deseaba triunfar, no retirarse de los toros. El mandamás de El Toreo dio la vuelta y dejó con la palabra al novillero, quien como muchos más en la historia se sintió abandonado y desilusionado, no con la fiesta de los toros, sino con quienes la manejan.


Derrotado por las gentes que tenían el poder, mas no por sus facultades para ser un buen torero, Paco regresó a aquella guarnición de soldados, con el general. Con la cara arriba y un pundonor admirable, le dijo a su padre: "Estoy de regreso porque ya no quiero ser torero; no fue un juego, pues siempre llevé a cabo las reglas del toreo y fui honesto. Pero ahí hay algo más duro que el toro mismo; algo más difícil de superar que a las figuras... ante eso no puedo pelear". Refiriéndose Paco a las injusticias de muchos empresarios que no le dieron la oportunidad.


AL FINAL: EXPERIENCIA Y AMOR A LA FIESTA

En la actualidad, el señor Paco Calderón, lejos de ser un viejo amargado por no poder llegar a ser torero, es uno de los empresarios taurinos que aman y disfrutan la fiesta de los toros; asimismo es apoderado del matador Aldo Orozco y vicepresidente de la Asociación de Empresarios Taurinos y, si los cálculos no fallan, es el empresario taurino más veterano de México. Se define como un enamorado de la fiesta, sabe del proceso que debe de llevar un torero, lo que no tuvo él, y por ende trata de realizar lo más pulcro posible una novillada o corrida de toros. Luego de dejar la carrera de novillero, Paco trabajó 10 años en la Secretaría de Hacienda, luego se convirtió en promotor turístico, lo cual ejerce hasta la fecha.


De 1972 a 1976, ya como empresario taurino, Paco celebró 50 novilladas en el Rancho del Charro, una suma que hasta la fecha nadie ha podido superar en la misma sede. Continuó su carrera como empresario y hasta el momento ha celebrado ferias como la de Tlaltenango, Arandas, Zacatecas, San Miguel el Alto, Ecatepec y Pachuca, siempre obteniendo resultados que hablan bien de él.


EN SUS PALABRAS

"Aunque sea una feria de pueblo, siempre he pensado que hay que hacerla con toda la categoría posible y darle a la gente lo que pide. Siempre he tenido la ilusión de ayudar a realizarse a un torero, será porque yo no tuve quién me ayudara. En Aldo Orozco veo un torero con muchas cualidades para funcionar y no me daré por vencido hasta verlo un matador importante, o bien, hasta que el torero deje de darme argumentos".


-¿Qué opina sobre ser el empresario más veterano?

"Y en activo.. realmente me enorgullece. A estas alturas de la vida, qué te puedo decir, he visto mucho de la fiesta de toros y admiro a todas las empresas, a todos los que hacen bien la fiesta de los toros. No molesto a nadie, hago fiesta y con mi dinero; quiero mucho a la torería y jamás quedé amargado con nada; tú, dime, ¿qué más le puedo pedir a la vida?", concluyó.


ESTO

01 junio 2009

FESTEJO DE AYER DOMINGO EN LA PLAZA MERIDA

foto Roberto Espitia


Pundonor de Arturo Macias, el estoque de Ortega y detalles de “El Pana” en el cierre de temporada taurina en la Plaza de Toros Mérida.


Rodolfo Rodríguez “El Pana”, mostró detalles de su arte filigrana, dando vuelta al ruedo con su primer toro.


Rafael Ortega, logro sensacional estocada en su segundo, que también le valió un apéndice.


Arturo Macias, corto la oreja de su primer toro aun derroche de valor y entrega.


El encierro de Marrón, bien presentados y de interesante juego, pesaron en promedio 505 kilos. No cabe duda deque cuando hay toros se engrándese la fiesta y así los aficionados asistentes pudimos paladear a las mas bella de todas las fiestas con sus luces y sus fiestas con sus lances y sus sombras, con sus momentos de tragedia y momentos grotescos. No hubo triunfos históricos, pero si una autentica corrida de toros que nos dejo un grato sabor de boca.

Don José Marrón estaba sentado junto al maestro Manolo Espinosa “Armillita” en una barrera de primera fila. Feliz, miraba a sus toros hacer de las suyas en el ruedo de la Plaza Mérida.

Pensam
os entonces: ¿qué no daría un aficionado a los toros por ver los dos trincherazos que “el Pana” le arrebató, arrogante como es el Brujo de Apizaco, al primer toro de la tarde? ¿Qué por ver a Arturo Macías abrir su faena de muleta rodilla en tierra, en el centro del ruedo, con una majestuosidad digna de un póster? Como dijeron Alejandro Sosa y Eduardo Puerto: “¡Cuando sale el toro, la fiesta regresa!”.

Y la fiesta volvió a la Mérida, en una fecha inusual (raro ver toros en mayo en Reforma), pero con emoción, pasión, controversia. Y con todos mis respetos para toreros, aficionados y subalternos, volvió el toro. Eso fue lo mejor.

Seis ejemplares de Marrón saltaron a la arena y dejaron salir las emociones escondidas por años. El toro en su máxima expresión. No había visto en mucho tiempo al público explotar de emoción como lo hizo con los muletazos leves del “Pana” y la faena del “Cejas”.

Que si “El Pana” corrió y fanfarroneó, que si a Macías le gusta torear de relumbre, que si Rafael Ortega es a veces poco expresivo. Al final, Macías se ganó una oreja a base de riñones, con toreo del bueno, igual que Ortega con sus deseos de pararse frente a los toros, no importa que sean de 600 kilos o más.

Sí: toros de 600 kilos o más. Ortega lidió uno de 628 kilos en primer lugar, pero un problema con los picadores y los caballos lo dejó casi enterito para el destazadero. Y el último, toreado por Macías, fue de 630 kilos. Impresionante como el anterior.

Los otros astados fueron toros de más de cuatro años.

Un reconocimiento a los picadores. Se la rifaron, sortearon las duras complicaciones, sin caballos a modo para su labor y se fletaron incluso cuando el juez ordenó la suspensión del festejo. A los “taurinos” agradó esta decisión del usía, pero se decepcionaron cuando la corrida siguió. Una orden primero, la contraorden después. ¿Quién tuvo la razón? No sabemos. Sólo podemos decir que se empañó una tarde de toros.

Pero ¿ Quienes fueron los responsables de esta situación? Realmente consideramos que dicha responsabilidad se divide en tres partes.

1.- El Juez de Plaza, máxima autoridad en la plaza para hacer cumplir el reglamento no debió autorizar el festejo ante la incapacidad de los caballos.

2.- La responsabilidad también recae en los varilargueros, pues ellos realizan la prueba de caballos, y ellos debieron advertir al juez que los caballos no estaban aptos para la suerte de varas.

3.- La empresa TORO-SUR, también tiene culpa, pues la empresa contrata el servicio de los caballos y debe de contratar equinos preparados para picar toros de verdad.

Don Rodolfo Rodríguez sólo puso un par de banderillas, no pudo más, pero a él tenemos que agradecerle que hubiera media plaza. Para Ortega, nuestros respetos por su profesionalismo, y Macías, ¡vaya torero! Nos confesó que sueña con Madrid y la Puerta Grande de Las Ventas.

Y reitero mi elogio a los picadores, que brindaron un gran tercio. Se fajaron, con buenos puyazos y malos caballos, picando a la altura, donde se debe.


LUIS MAURICIO PERERA VILLANUEVA


“Un paso adelante y puede morir el hombre; un paso atrás y puede morir el arte”

Mérida, Yucatán, México



"Montoyita", "El Canelo" y Santiago Fausto

El domingo en la México: con Campo Real

por Alfredo FLOREZ 31/05/2009

"Montoyita" se juega el prestigio para hacerse matador de toros en esta novillada

El cartel inaugural de la temporada de Novilladas en la Plaza de toros Monumental México, se ha confirmado por parte de la empresa para el próximo domingo 7 de junio a las 4 de la tarde, donde harán el paseíllo dos novilleros que ya han punteado en anteriores novilladas y se presenta uno nuevo ante novillos de Campo Real.


El primer novillero será Manuel González “Montoyita” quien saldrá como primer espada al cumplir su tercer año en este ruedo y a punto de tomar la alternativa como matador de toros, anunciada ya para el 14 de este mismo mes en la Plaza de toros Las Playas de Tijuana llevando como padrino a Fernando Ochoa y de testigo a José Mauricio con toros de Julián Handan.


En la novillada inaugural estarán alternando el novillero queretano Luis Miguel Pérez "El Canelo" y se presenta el también originario de Querétaro Santiago Fausto para despachar un encierro de "Campo Real".


Con esta novillada se dará paso al serial menor en la Monumental Plaza México a donde aspirarán por lo menos unos 20 novilleros a estar en estos carteles ya que se presume que deberán de ser por lo menos 12 las novilladas que por obligación les imponen las autoridades a la empresa para poder otorgarles luego el permiso de la Temporada Grande, cosa ilógica pero que así es, ya que anteriormente el número de novilladas que daba la empresa comandada por el Dr. Rafael Herrerías y otros empresarios de esta plaza capitalina, no tenía restricción del número de festejos “chicos” incluso se llegó a dar hasta 20 novilladas y más, pero así andan las cosas por la capital.


Lo mejor de todo es que ya está para el domingo la inauguración de las Novilladas y recordamos a nuestros amigos aficionados el pensamiento que tenemos sobre la fiesta brava.


“El Toreo es Arte Efímero que se lleva en el Alma”



el color de la ultima en LA FLORECITA

...PÁ LA REFLEXIÓN


CRÍTICA: La lidia


El toro bravo, piedra de escándalo


ANTONIO LORCA


02/06/2009



El escándalo de la decadencia persigue desde hace tiempo al toro bravo. Sevilla, en abril, y, en mayo, San Isidro, han sido testigos, un año más, del triste espectáculo protagonizado por un animal que un día fue poderoso y fiero, y que ha quedado reducido a una especie desconocida que sólo conserva el color, pero que se muestra como un ser inválido, tullido, agotado, y, a veces, dulce como el almíbar, al que han exprimido hasta la última gota de fortaleza, casta y sangre brava.


Éste es el protagonista del toreo moderno, el que han conseguido imponer las figuras, y que, hoy por hoy, se erige como el principal enemigo de la fiesta.


De momento, la mayoría de los aficionados ha desertado de las plazas, que son ocupadas -sólo en las ferias importantes- por un público de aluvión, indocumentado y festivo. A pesar de ello, y de manera incomprensible, ninguno de los sectores implicados parece dispuesto a buscar soluciones. ¿Dónde está la clave? Primero, en la evolución de la fiesta; y, después, en la selección.


Los toros del siglo XIX y principios del XX eran animales grandes, destartalados, ásperos, rudos y brutos, y los toreros los lidiaban; es decir, luchaban contra ellos, batallaban y esquivaban sus derrotes hasta la estocada final.


Pero apareció Juan Belmonte, y, con él, la lidia se convirtió en un arte, lo que exigió un cambio radical en el comportamiento del toro.


Así se llega a la selección, que la protagonizan los ganaderos, auténticos científicos autodidactas de la bravura, que sin ser veterinarios, ni genetistas ni médicos, y sin un modelo a seguir, han conseguido que el toro de hoy sea un extraño para su propia especie. Se busca un toro que humille en los capotes, que se emplee en varas, persiga en banderillas y tenga recorrido y nobleza en una larga faena de muleta. ¡Ah! Y que tenga presencia, y que sea guapo, armónico, noble, dulce, bueno... En una palabra, un inexistente mirlo blanco, un híbrido, mitad artista, mitad fiero, para una nueva concepción de la lidia.


Ésa es la teoría, pero la evolución ha degenerado en un animal sin fuerzas, descastado, y, a veces, noble y dulce hasta el aburrimiento que, antes que respeto, provoca lástima.


Añádase la casi completa desaparición del aficionado sabio y exigente, y la vergonzosa imposición de las figuras para que el resultado último sea una rara especie en constante proceso de mutación genética que no tiene parentesco alguno con el toro de antes, y que se configura como un animal nuevo -tonto e inváli-do- para un espectáculo reconvertido en acto social en el que el desconocimiento del público permite el fraude y la manipulación.


Antes se lidiaba; ahora, se torea. Antes, mandaban los aficionados; hoy, los taurinos. Y éstos imponen sus criterios, en primer lugar, a los ganaderos, que no mandan en sus casas.

El toro de hoy es el que han diseñado las figuras, conscientes de que ese animal moribundo disminuye el riesgo y permite fáciles triunfos ante públicos festivos, generalmente más preocupados por el alcohol y los puros que por la pureza de la fiesta.


Pero hay más: ¿por qué los ganaderos no defienden sus toros? Porque los más de 1.100 existentes en nuestro país están agrupados en cuatro asociaciones diferentes con escasas relaciones entre ellas, y no son pocos los que protegen con más ardor su posición social que el respeto a su encaste. Y porque muchos ni son aficionados ni pretenden obtener beneficio económico alguno, sino la renta del disfrute; es decir, no les importa perder dinero o someterse a criterios ajenos con tal de figurar en carteles de postín y alimentar así su vanidad.


Tampoco el toro parece importar a la Administración pública. Con muy raras excepciones, el político padece un serio complejo respecto al resto de los países de Europa y a los grupos contrarios a la fiesta. No apoya la fiesta, si bien la permite por razones económicas y porque forma parte de la raíz de muchas ferias populares. Joselito El Gallo era un lidiador que emocionaba a las masas con un animal con menos volumen que el actual, pero fiero y codicioso. El toreo de hoy es -con contadísimas excepciones que no justifican su existencia- aburrido e insufrible a causa de un toro al que han modificado tanto su comportamiento que se muestra incompatible con la necesaria emoción.


Ese toro moderno es piedra de escándalo, y, si no se remedia, pondrá el punto final a la fiesta.


junio

Laura Resendiz

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AÑO II NÚMERO 60

...a los maestros también les toca


Lunes 01 JUNIO 09


EN LOS MEDIOS

revista TAURINA semanal.


Cita de la semana.

Robert Green

La felicidad es el único bien, y para ser feliz hay que hacérselo a otros


PRESENTACIÓN

omenlosmedios.blogspot.com

Es un medio de libre comunicación entre taurinos y aficionados a la FIESTA BRAVA. También con el público en general.

FORMATO:

Diariamente subiremos información de toros al blog. Podrás entrar cuando quieras y siempre habrá algo reciente que ver, leer y enterarte. Simplemente escribe en tu barra de direcciones: omenlosmedios.blogspot.com

Semanalmente enviaremos a nuestros suscriptores y amigos por correo electrónico la REVISTA SEMANAL, con el contenido recopilado.

¡Va por todos ustedes!

Contenido


Festejo irregular en La Florecita



Valiente, como siempre,

estuvo Luis Conrado.

foto EDMUNDO TOCA


1 de junio de 2009



En el cierre de su temporada


Horacio Soto Castro


El festejo con que se terminó el serial novilleril en La Florecita tuvo un desarrollo irregular que dio la impresión que no hubo ni orden ni concierto, pues, como en un tianguis, hubo de todo, pero nada bueno para seleccionar.


Previamente se le rindió un homenaje al pintor taurino Reynaldo Torres de parte de las peñas taurinas Porra Libre, el Trincherazo y la Peña Don dificultades.


Se jugaron astados de Campo Real, de buena presencia, que presentaron problemas y por la falta de experiencia y de recursos de los jóvenes coletas se acentuaron y no salió nada encomiable, al contrario muchas censuras de los aficionados que no repitieron la buena entrada de hace 15 días, que además no supieron valorar el desempeño de los alternantes.


Hubo muchos avisos, muchas volteretas y trasteos que nunca alcanzaron el rango de faenas, es más, solamente se vieron muletazos sueltos que no merecían algún olé, a pesar de que los toreros le pusieron ganas, afición y valor.


Se cortó una triste orejita que fue a caer en manos, en forma de dádiva, de Pedro Núñez "Chavalillo", quien no aprovechó los buenos momentos que tuvo el novillo y mató de estocada ligeramente contraria. Y el juez Ramos otorgó el apéndice a solicitud de algunos cuantos asistentes. En ese astado saludó otra vez en el tercio Tonathiú Cruz por sendos pares de banderillas. Ese mismo astado tumbó al picador y volteó feamente a José Miguel Parra.


A Parra le tocó otro morito con problemas, pero nunca se achicó. Toreó bonito por estatuario y luego pases por la derecha que le corearon, pero también fue volteado en dos ocasiones ya que el astado desarrolló sentido. Cobró una estocada, mejor que la anterior y a pesar de la petición de oreja puso oídos de mercader el juez y a Parra lo volvieron a obligar a dar la vuelta.


Siguió Luis Conrado, quien no escatima el valor a su toreo y entusiasmó a los concurrentes con cuatro largas en el centro del ruedo. Y se dio a torear a su estilo exponiendo de verdad. Alargó su trasteo y le tocaron un aviso antes de entrar a matar y luego le tocaron otros dos para que se le fuera vivo el novillo a los corrales. No hizo caso y liquidó al astado de descabello, pero oficialmente se le fue vivo.


A Jaime Adrián no se le apaga la afición y el entusiasmo y le pone énfasis a su actuación. No se salvó de ser volteado y salir conmocionado, pero regresó al ruedo para terminar con el enemigo previo aviso y saludó en el tercio.


Y cerró plaza Carlos Peñalosa, a quien dio flojera verlo torear sin ápice de entusiasmo y alguien comentó que "está muy apaciguado". Fue un cubo de hielo sobre el ruedo. Cubrió los tres tercios y escuchó un aviso antes de la estocada que cobró, que alguien también dijo que se había equivocado.

ESTO